TURKEYLANDIA

Al menos 54 personas mueren luego de un atentado perpetrado durante una ceremonia en el sur de Turquía, la mayoría de ellos niños y adolescentes. 

Así amanecen las portadas de los diarios alrededor del mundo.

El país seguro, el modelo ejemplificador que propuso la Unión Europea para dar acogida a los miles de refugiados que siguen llegando, o intentando hacerlo, a través del Mediterráneo sigue siendo un foco de constantes amenazas para la población civil. En los últimos dos años se han incrementado los atentados terroristas a manos de DAESH (acrónimo del autodenominado estado islámico) y del Partido de Trabajadores del Kurdistán (PPK). A esto se le suma el reciente intento de golpe de Estado a la República lo que no hace otra cosa que continuar con esta inestabilidad para propios y extraños.

Mientras, el sultán de Europa continúa cerrando universidades, despidiendo docentes, persiguiendo periodistas, deportando ciudadanos.

Lejos de aquello que planeó alguna vez Attaturk, Turquía parece vivir en Disenylandia, o al menos así lo hace parecer. El pueblo, en gran medida apoyando a un presidente electo democráticamente pero llevando a cabo una dictadura ante la disimulada mirada de sus vecinos europeos. Solo basta recordar los millones de euros que recibió, y sigue recibiendo, para recibir a todos aquellos que lleguen a la Unión por el mar.

Este acuerdo no ha hecho otra cosa que profundizar la crisis de todas estas personas que escapan de la guerra y deben permanecer en un país tan o más inestable que el que acaban de abandonar.

Esto, junto con las medidas tomadas por la UE de privar el acceso a periodistas y medios gráficos e impedir que se fotografíe  y filme en cualquier campo de refugiados europeo, es una muestra más de la urgencia por seguir escondiendo todo bajo la alfombra y vender al resto del mundo que allí todos son felices.

Desde Sin Fronteras continuamos concientizando en Argentina y América Latina, la profunda crisis que viven sirios, iraquíes, sudaneses, etc y continuamos en nuestro afán por replicar los excelentes trabajos de voluntarios y periodistas que a pesar de todo siguen dando a conocer las realidades que se viven en los campos de refugiados de Europa.

 

Mientras leías esta nota, al menos 200 personas han sido forzadas a desplazarse de su lugar de origen y otras tantas están navegando el mediterráneo a la deriva.

 

 

EMILIANO ZALAGIONE 

 

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