La encrucijada del pueblo colombiano

Desde las 00:00Hs del pasado lunes 29 de Agosto cesó el fuego entre las fuerzas armadas del gobierno colombiano y las FARC. Desde aquel día no se registran muertes por el conflicto con los grupos guerrilleros, algo que no ocurre desde hace 50 años.

Esto se mantendrá así hasta el próximo 2 de Octubre cuando los colombianos llevarán a las urnas su voluntad de adherir, o no, al acuerdo de La Habana firmado el pasado 25 de Agosto.

Después de cuatro años de conversaciones y deliberaciones se logró redactar un documento de 297 páginas donde se describen las cláusulas que guiaran el proceso de desarme de las FARC, y lo que sería el principio de la paz en aquel país.

Si bien el acuerdo es polémico en muchos de sus ejes centrales, es la primera vez que el pueblo tendrá la última palabra.

Las FARC estuvieron por décadas relacionadas al terrorismo y narcotráfico, manteniéndose en la zona de distensión donde el Estado Colombiano está ausente. Tienen sus propias reglas, negocios, y autoridades con los cuales han construido un gobierno paralelo manchado de crímenes de lesa humanidad como secuestros, torturas, violaciones, etc.

Después de muchos intentos de poner fin a estos grupos por la fuerza, en el 2012 comenzaron las negociaciones por la paz por el camino de la diplomacia, el cual culmina con la firma del acuerdo de La Habana. ¿Cuáles son los puntos débiles de este acuerdo?

La participación política de los miembros de la FARC en el congreso, el subsidio para la reinserción de los guerrilleros, la incertidumbre con respecto a la financiación en la etapa post-plebiscito.

 

Entre el SI y el NO

 

El clima social actual es candente en el país latinoamericano, y sus habitantes se encuentran divididos entre quienes quieren ver el histórico fin de los grupos guerrilleros y entre los que no están de acuerdo con lo acordado en La Habana y afirman que hay que continuar con las negociaciones.

SI, es real  que las FARC entregarían sus armas y pondrían fin a su organización paramilitar. También lo es la posible restitución de las tierras a los campesinos y el principio de unificación donde el Estado finalmente gobernaría en todo el territorio colombiano.

NO es una garantía que cada persona que haya torturado, matado y hecho mal al pueblo colombiano pague por sus actos con una condena justa. Y aquí es donde el fantasma de la impunidad acecha a la nación.

¿Estará dispuesto el pueblo colombiano a tolerar la libertad de aquellos que por años lastimaron profundamente la vida de millones con el fin de mirar al futuro y ver un país unido y en paz?  ¿O tal vez le dirán que no al acuerdo de La Habana y a la iniciativa del Presidente Santos y buscarán una alternativa, aunque pueda significar muchas más décadas de negociaciones?

Lo que está claro es que los colombianos se encuentran ante una difícil decisión que no se puede resumir en la disyuntiva entre la paz y la guerra, ya que está más que claro que todos anhelan la paz para su país. Esta decisión tiene que ver con el cómo lograrla, cuáles deben ser los procesos de justicia que se lleven a cabo, la necesidad del progreso social, político y económico del país, y su visión de futuro.

 

NATALIA PISONI

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