Inmigrantes Pobres

"¿Cuánta miseria puede aguantar la Argentina recibiendo inmigrantes pobres?"

Estas, así como se leen, fueron las declaraciones del Jefe del Bloque de Senadores de la actual oposición en el gobierno argentino (ex oficialismo, Frente Para la Victoria).

 

El político, lejos de "acomodar" sus dichos, criticó las oportunidades que se le dan a los inmigrantes en territorio argentino en detrimento de la que los argentinos reciben en otros países latinoamericanos.

 

Esta exposición, la cual repudiamos desde el equipo de SF, tiene algo de positivo y es que abre, o profundiza el debate sobre inmigración, tema que los argentinos venimos posponiendo y esquivando, como si solo fuera un drama de Europa y Medio Oriente.

A estos dichos se sumaron las declaraciones de Claudio Avruj (secretario de Derechos Humanos del Gobierno argentino), quien especificó que como enuncia el preámbulo de la Constitución Argentina, debemos "asegurar los beneficios de la libertad  para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino..." pero también, debemos rever las políticas de control migratorio.

 

Celebramos que desde los sectores más distinguidos se comience a tratar la inmigración, y lo que esta representará para nuestra sociedad. 

En las últimas semanas se han conocido varios ejemplos de familias, comunes y corrientes, que han abierto sus casas y su comodidad para recibir a otras familias y personas que escapan del horror en Siria. Tal es el caso de la organización informal Refugio Humanitario Argentino, quien viene trabajando a fondo en este tema y desafiando a todos los sectores a involucrarse. También se suman comunidades cristianas y católicas que intentan capitalizar la base de su fe en acción.

 

De esta forma, el pueblo argentino empieza a abrir los ojos y ser parte de la realidad que vive el mundo. 

La etimología de la palabra RECORDAR implica "volver a pasar por el corazón", y esto es justamente lo que los argentinos comenzarán a hacer, pasar por el corazón a sus abuelos, tíos, padres, etc, que llegaron a nuestro país huyendo de la Guerra y la miseria y fundando, a base de esfuerzo y trabajo la Nación de oportunidades, el Semillero del Mundo en aquellas épocas.

 

Ante todo, cabe mencionar que no debería ser los recursos económicos que posean los inmigrantes que vienen, sino tener en cuenta la situación de la que vienen, muchos de ellos habiendo perdido todo, incluso la esperanza.

 

Nos queda como desafío saber si estamos preparados para relanzar nuestro país a la economía mundial, sobre todas las cosas abriendo los brazos a quienes deseen habitar nuestra Tierra y siendo empáticos por el otro, que antes que un refugiado, un inmigrante...es un prójimo.

 

EMILIANO ZALAGIONE